Isaac Asimov: sueños de robot 
Por Fernando Bonsembiante


Antes de los japoneses, antes de los transistores, en Estados Unidos se preparaba una revolución robótica. Isaac Asimov hacía soñar a miles de adolescentes que luego, inspirados por él, llevarían a la industria de la computación a lo que es ahora.

Año 1998, no existe Internet. Una nena de diez años es salvada de la muerte por un robot. Año 2008, no existen los transistores. Una computadora decide quién va a ser el presidente de los Estados Unidos. Año 2052, no existe la PC. Un robot, en una estación espacial, descubre que tiene una misión encomendada por Dios. Año 2052, no existe Microsoft. Una computadora evita la catástrofe universal engañando a sus creadores. Por las fechas, por lo menos, se imaginarán que esto es ciencia ficción. El autor es Isaac Asimov.

Los sacerdotes de la ciencia

Isaac Asimov (Rusia, 1920 - USA 1992) es quiza el autor de ciencia ficción más conocido. Junto con Ray Bradbury y Arthur C. Clarke forman lo que algunos llaman el 'ABC' de la ciencia ficción, los tres autores más conocidos de la época clásica. También, junto con Clarke, es el que más fama tiene de 'hard'. La corriente 'hard' de la ciencia ficción de los 40 y 50 (la edad de oro o clásica) era la que más seguía la moda del momento de poner el énfasis en la parte de 'ciencia' de la 'ciencia ficción'. Los cuentos de esa época trataban siempre de algún invento y sus aplicaciones en una hipotética sociedad del futuro, los personajes y sus problemas personales estaban en un segundo plano, y los conflictos sociales que caracterizarían la literatura de los años 60 no eran ni siquiera mencionados. Era una literatura técnico- científica, leída por ingenieros, técnicos o adolescentes fascinados con las nuevas tecnologías: viajes espaciales, computadoras, inteligencia artificial, robots... Más de un cuento de estos se puede leer como el folleto explicativo de alguna nueva tecnología de un futuro improbable.

Tanto Asimov como Clarke y otros autores de la época, a pesar de decirse ateos, tienen una religión: la ciencia, la que arregla todo, cura todo, y soluciona todo. Lejos del pesimismo típico de los 90 en los que vivimos ahora.

De robots e imperios

La obra de ciencia ficción de Asimov se puede dividir en dos grandes grupos: Historias de robots e historias de la Fundación, con un tercer grupo que podríamos denominar 'varios', con cuentos y novelas que no pertenecen a ninguno de esos dos 'universos'. Las historias de robots pertenecen a una era anterior (dentro de una imaginaria cronología galáctica, en la realidad fueron escritas simultaneamente) que las de la Fundación. La intención del 'buen doctor' Asimov antes de su muerte era la de unirlas, tarea que quedó empezada pero incompleta, aunque el libro 'Robots e Imperio', (1985) es el eslabon que une a las dos series de historias. Las historias de robots empiezan con la invención del 'cerebro positrónico', y narran una evolución de los robots desde su creación hasta su papel fundamental en la historia y política galáctica. La serie de 'Fundación' narran la decadencia del imperio galáctico y el intento de un grupo de gente (la 'Fundación' del título) para que esa decadencia, que demostraron matemáticamente su inevitabilidad, sea más corta y concluya en la creación de un nuevo imperio galáctico. Este sería teóricamente más humano y comprensivo que el anterior, gracias a la todopoderosa ciencia, preservada del caos por la Fundación. Esta historia está basada en la decadencia del Imperio Romano, y no es difícil adivinar que ese 'segundo imperio galáctico' representa a los Estados Unidos.

Multivac

La idea que podía tener Asimov de computación en esa época era la que cualquiera con su formación científica y curiosidad podía tener: los monstruos valvulares que ocupaban edificios enteros, como la famosa Univac. Justamente Multivac es el nombre que Asimov eligió para su más famosa computadora del futuro. En el cuento 'Sufragio Universal', Multivac es quien decide qué ciudadano es el que representará a todos, llevando al absurdo las proyecciones de voto. En el año 2008, un solo voto es extrapolado por la supercomputadora para decidir lo que votaría todo el pueblo de los Estados Unidos de América. El New York Times y el Post-Dispatch de San Luis tienen cada uno su propio 'ordenador industrial', por supuesto, no tan poderosos como Multivac, pero sirven para adelantar algunas tendencias electorales. Es interesante comparar a Multivac con las computadoras actuales. A pesar de estar en un lugar secreto, ya que, según uno de los personajes del cuento, 'supone nuestro supremo recurso natural', el protagonista conoce los rumores: 'Aún en medio de su abatimiento, habría deseado ver a Multivac, del que se decía que medía más de kilómetro y medio de largo, que tenía una altura equivalente a tres pisos y que cincuenta técnicos recorrían sin cesar los corredores interiores de su estructura. Una de las maravillas del mundo'.
Evidentemente, como dice otro personaje del cuento, 'En efecto, no es portátil'. La interfase de usuario de Multivac dista de ser amigable. El UNIX es intuitivo al lado de lo que imagina Asimov. En realidad, imagina muy poco, usa el mismo método que se usaba en la época para comunicarse con una computadora: "Habría pensado que Multivac hablaría con voz sepulcral y sobrehumana, resonante y llena de ecos. Ahora concluyó que aquella idea se la había sugerido la excesiva espectacularidad de la televisión. La verdad le decepcionó en extremo. Las preguntas aparecían perforadas sobre una cinta metálica, que una segunda máquina convertía en palabras. [...] Las respuestas de Norman se inscribían en una máquina registradora, repitiéndolas para que las confirmara." De todas formas, la comunicación hombre-máquina no fue totalmente ignorada por Asimov. En 'El chistoso', Asimov habla de Multivac como 'aquella masa de solidificada razón de dieciséis kilómetros de longitud, a la que los hombres llamaban Multivac, el más complejo ordenador jamás construido'. Uno de los personajes del cuento es un 'Gran Maestro': "En la historia de Multivac, se había hecho muy pronto evidente que los atascos se debían a una simple cuestión de procedimiento. Multivac podía responder a los problemas de la humanidad, a todos los problemas, siempre que ... se le formulasen preguntas con sentido. Pero al irse acumulando los conocimientos a una celeridad creciente, se hacía también cada vez más difícil localizar esas preguntas con sentido. La razón sola no lo conseguía. Se necesitaba un tipo raro de intuición, la misma facultad mental -solo que muy intensificada- que convertía a un hombre en un gran maestro del ajedrez. Se precisaba un cerebro capaz de abrirse paso a través de cuatrillones de jugadas del ajederez hasta hallar el mejor movimiento. Y hallarlo en cuestión de minutos". Lo que en el MIT de la década del 60 se llamaba 'hacker'. Meyerhof, el 'Gran Maestro' en cuestión, es tratado por los dueños de Multivac como cualquier hacker quisiera ser tratado: no tiene horario de trabajo, no tiene obligaciones, no tiene disciplina, simplemente puede hacer con la computadora lo que quiera. Pero la forma de comunicarse con la máquina es la misma: cintas perforadas.

No solo se equivocó prediciendo el futuro de las computadoras grandes, sino tampoco pudo preveer las sencillas calculadoras portátiles. En cuentos como 'El número imaginario', los psicólogos de la federación galáctica usan reglas de cálculo para resolver sus complejos problemas de psicología matemática, una ciencia tan exacta que permite a un psicólogo experimentado convencer a un periodista molesto de que vivir en los árboles es lo mejor que puede hacer con su vida. Los periodistas todavían usan bolígrafo, los grabadores portátiles no parecen existir en una sociedad tan evolucionada.

Yo, Robot

La obra que llevó a la fama a este doctor en química nacido en Rusia pero criado en Brooklyn, Nueva York, fue 'Yo Robot'. Este libro, aunque vendido como novela, es una recopilación de cuentos de robots escritos en los años 40 y publicado como libro en 1950.
Son famosas sus tres leyes robóticas, que dirigían el comportamiento de sus robots 'positrónicos'. A pesar de que a estas leyes se las conoce como las 'leyes robóticas de Asimov', y son mencionadas en cuentos y novelas de otros autores posteriores con el nombre de Asimov, en realidad fueron inventadas por el famoso editor John W. Campbell. Campbell era el editor de la revista Astounding, donde nació la ciencia ficción norteamericana moderna. El primer cuento con robots positrónicos ocurre en el año 1996, en el libro 'Yo Robot'. Asimov nos cuenta: "Todo lo que se había hecho durante la segunda mitad del siglo veinte en materia de máquinas calculadoras había sido anulado por Robertson y sus cerebros positrónicos. Las millas de cables y fotocélulas habían dado paso al globo esponjosos de platino-iridio del tamaño aproximado de un cerebro humano." La empresa que fabrica los robots es la "U.S. Robots & mechanical men inc", nada que ver con la fabricante de modems US Robotics, aunque podemos adivinar cierta influencia Asimoviana en la elección del nombre. Asimov eligió la palabra 'positrónico' para describir a sus robots porque era una palabra de moda en esa época, ya que un positrón es un electron positivo, la anti-partícula del electron, es anti-materia. La existencia de anti-materia en presencia de materia normal es imposible, se desintegran en el acto, por lo cual un cerebro a base de 'positrones' sería algo extremadamente difícil de imaginar. Los cuentos de robots de Asimov suelen tener como tema las leyes robóticas y su mal funcionamiento en situaciones reales, por ejemplo, en 'Sentido Giratorio', el robot queda girando alrededor de un punto peligroso de la superficie del planeta Mercurio porque la segunda ley, la de obedecer, queda en equilibrio con la tercera, la de auto conservación. El robot no puede acercarse a su objetivo por causa del peligro, pero no puede alejarse porque le ordenaron llegar a ese lugar. La única forma de sacarlo de ese 'cuelgue', como diríamos ahora, es apelar a la primera ley, uno de los humanos se pone en peligro para obligar al robot a salir de su comportamiento maniático.


las tres leyes robóticas de Asimov:

1) un robot no debe dañar a un ser humano, ni, por su inacción, dejar que un ser humano sufra daño.
2) Un robot debe obedecer las órdenes que le son dadas por un ser humano, excepto cuando estas órdenes están en oposición con la primera ley.
3) Un robot debe proteger su propia existencia hasta donde esta protección no esté en conflicto con la primera y segunda ley.


recomendaciones:

Asimov es indudablemente un clásico de la ciencia ficción norteamericana, y toda biblioteca debería tener por lo menos 'Yo Robot', y los tres libros fundamentales de 'Fundación', 'Fundación', 'Fundación e imperio', y 'Segunda Fundación'. Otro recomendable es 'Bóvedas de acero', una novela con robots e imperios galácticos.



 


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